sábado, 30 de agosto de 2014

Las TMNT en el mundo Ninja - Cap. 3 / 1era parte

Leonardo, Rafael y Tekura deberán prepararse para todo lo que Escorbuto les tiene preparado en su escondite. El rescate de Miguel Ángel no será lo que se esperan, eso les puedo asegurar.

Escojan a su gusto el tamaño de la fuente para que sea más cómoda su lectura... ¡y a leer se ha dicho!

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El rescate 
Cap. 3 - 1ra parte

Cuerpo: 14 16 18
La vista que producían los ofidios reptantes era todo un despliegue de luces y colores que dejaron impresionados a todos. No obstante, el grupo se alistó para recibirlas. Con certeros cortes, Leonardo y Rafael eliminaron la amenaza sin problemas.
Siguieron avanzando con cautela por los oscuros pasillos, apenas iluminados con una que otra vela. Pronto llegaron a una encrucijada dónde Leo decidió tomar el pasillo de la derecha.

_ ¿Y por qué el de la derecha?

_ Porque sí.

_ ¿Y eso qué sentido tiene?

_ Porque es el camino indicado.

_ Claro. Tekura, nos vamos por el de la izquierda ¿vienes?
Ella quedo observándolos, no sabiendo que hacer ante la confusa situación.

_ Oye, Rafael ¿por qué haces esto?

_ ¿Yo? Pues porque me da la gana. Además de que otra vez has salido con eso de querer mandonear sin sentido.

_ Ya ¿y solamente por eso?

_ ¡No! Claro que no. Y tú sabes muy bien por qué.

_ Si, lo sé. Pero ¿y tú sabes porque me decidí por el de la derecha?

_ Porque eres el líder y bla, bla, bla.

_ Exacto. Y porque el de la izquierda se dirige a un baño –le indica su hermano señalando un cartel que ponía “letrina” en él.

_ ¿Y eso? No me vengas con palabras complicadas. Yo me voy por la izquierda. No tarden mucho en seguirme – y la rebelde tortuga se desvanece por las sombras del pasillo. No paso mucho tiempo para que volviera arrepentido.

_ ¡Y cómo iba a saber que letrina era un inodoro de drenaje directo! Nunca antes los había visto.

_ Je, je. Eso te pasa por faltar a las clases de historia del maestro.

_ ¡Bah! Sigamos adelante.
La kunoichi sonrió aliviada y siguió a sus peculiares compañeros. No dieron más de veinte pasos cuando un enjambre de insectos, también fluorescentes, aparecieron por diversos orificios de las paredes. Leonardo quedó consternado al recordar que Rafael les tenía fobia. Pero ya era demasiado tarde, pues este había huido hacía la letrina.

_ ¡Rayos…! Seremos solo tú y yo, Tekura ¿sabes algo acerca de estas criaturas?

_ Ni la más remota idea, Leonardo. Aunque, tratándose de Escorbuto, de seguro han de ser venenosas y con capacidades paralizantes. Todo ello gracias a sus mordeduras, picaduras o nubes de gases que lancen por sus traseros – replica muy segura de sí.
Esquivar a los insectos no les resulto tan sencillo, pero los gases eran perfectamente visibles en ese espacio tan oscuro.

_ Cómo que ese último recurso no le salió muy bien que digamos – dijo Tekura al ver la luminiscente nube venenosa. Con algo de dificultad, al fin acabaron con los insectos.

_ ¡Ya ven, Rafael! No quedo ninguno vivo – gritó la tortuga.

_ ¿Estás seguro, Leo?

_ Muy seguro.

_ ¿En serio?

_ No soy Miguel, Rafa.

_ Ok. Ya voy para allá.
Reagrupándose, los rescatistas prosiguen con la búsqueda. Atravesaron varios portales por más de cien metros cuando, finalmente, se toparon con una gruesa puerta de metal empotrada en la roca viva de la caverna. Sin señales de cerraduras ni manijas intuyeron que solo quedaba empujar las mismas para que se abrieran. Pero por más fuerza que hicieran, estas no cedían.

_ ¡Demonios! Como nos vendría bien la mano de Don en estos momentos.

_ Es cierto, Rafael. Donatello siempre llevaba un par de cargas de C4…

_ Disculpen – interrumpe la joven que, tomando su mazo de sus espaldas, da un fuerte golpe con él sobre una de las hojas de la puerta.



La macabra risa de victoria, que llevaba rato sosteniendo, le es interrumpida por la sorpresiva intrusión a su laboratorio. El encapuchado se azuza y corre al resguardo de las sombras, expectante por ver quiénes eran los intrusos. Por poco lanza un grito de asombro al ver que eran dos mutantes idénticos al que había capturado. Analizando la situación, creyó acertado utilizar la misma treta con la que había engatusado a Miguel. Tomando un par de porciones de pizza de sus bolsillos, las roció con un líquido y las coloco con cuidado sobre la mesa que tenía cerca. Con un abanico empezó a esparcir el aroma de las porciones en dirección a las tortugas. Al poco tiempo el olor llego a las fosas nasales de Rafael.

_ ¡Snif! ¡Snif! Ese perfume huele muy bien.

_ ¿En serio, Rafa? Entre tanto alcohol, trementina, sulfuro y quien sabe que más… ¿hay algo que huela bien?

_ Siente por aquí. Es el inconfundible aroma de una fugazzeta.

_ Ya Rafa. No es momento para eso… ¡Espera! Debe ser una trampa.

_ Pues es una trampa muy sabrosa…

_ ¡Oye! Mira allí ¡Es Miguel Ángel! – exclama Leonardo apuntando a uno de los tubos.

_ ¡Es verdad! De inmediato lo saco de allí– declara la efusiva tortuga. Al ver que su treta no le resultara efectiva, el anfitrión se dio a conocer.

_ ¡Bienvenidos!

_ ¿Eh? No era lo que me esperaba que dijeras – le dice Rafael.

_ Oh, pero que modales los míos. Con visitas y yo sin una bebida para refrescar su sed. Pero ya mismo enmiendo mi error – a lo cual, el encapuchado toma un par de frascos y se los lanza.

_ ¡Tengan cuidado! ¡Es cloroformo! – les advierte Tekura, que estaba más alejada.
Aguantando la respiración, se mueven a otra posición para resguardarse del adormecedor gas.

_ Vaya, que pena ¿no les ha gustado mi “refresco”? Pues a ver qué opinan de mi té.
Sirviéndose de otro par de botellas, esta vez las arroja contra el techo impregnado una buena porción con el líquido. Por las estalactitas comenzaron a caer las intimidantes gotas.

_ ¡Eso es ácido clorhídrico! – vuelve a decir la kunoichi.

_ ¡Esto ya parece una clase de química!

_ Deja de quejarte y esquívalas, Rafa.

_ Bueno, bueno –le replica dando volteretas y marometas – ¿Cuándo es que vamos a pasar al ataque, Leo?

_ Cuando nos deje de arrojar vasos, probetas y matraces, Rafael.

_ Eso no suena muy heroico, hermano…

_ ¡Cuidado con ese frasco de color ámbar!

_ ¿Qué contiene, Tekura?

_ ¡Es mi muestra de orina! ¡Jo, jo, jo, jo, jo, jo! – exclama Escorbuto con locura.
Poco a poco, su enemigo fue vaciando las mesas a su redor. Cuando se quedó sin municiones, las tortugas se le abalanzaron. Pero eso era lo que el encapuchado estaba esperando.

_ Ahora es momento de que me muestren… ¡De qué color es su sangre! ¡Bua, ja, ja, ja, ja, ja, ja!


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1 comentario:

  1. Primero que nada Feliz cumple man. Segundo yo iria primero por el pasillo de la izquierda nunca se sabe con que frecuencia aparece un baño jajjaja muy buen capitulo

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